La Franja de Gaza está completamente destruida. En este escenario desolador, un artista palestino, obligado a abandonar su hogar, transforma los escombros de los edificios bombardeados en arte, en un esfuerzo por mostrar el sufrimiento de su pueblo y los horrores de la guerra.
Khaled Hussein vivía en Rafah, una ciudad al norte de Gaza fronteriza con Egipto. La vida que conocía ya no existe. Su hogar quedó completamente destruido y tuvo que mudarse a otra región. A pesar de todo el sufrimiento que ha padecido, Khaled aún encuentra motivación en el arte, incluso con la escasez de recursos. Cada día, el artista camina lentamente entre los escombros y selecciona cuidadosamente la materia prima para crear sus esculturas de arcilla. Son rostros tristes y cansados que, según él, encarnan el hambre y el miedo que experimentaron los palestinos durante la guerra. Las piezas están moldeadas para transmitir el peso de todas las vidas perdidas en el conflicto, como símbolo de la fragilidad humana y lo absurdo de la guerra. Mis esculturas encarnan el hambre y el miedo que experimentaron los palestinos durante la guerra, y estas características se hacen evidentes en cuanto tomo la arcilla y empiezo a moldearla. En una ocasión, recogí arcilla del terreno de una casa que había sido bombardeada y destruida, y con ella esculpí rostros que expresaban la muerte y la desesperación del pueblo palestino. Anteriormente, di una presentación sobre el derecho al retorno del pueblo palestino y el dolor y el sufrimiento que padecen. En general, todos los temas que exploro en mi obra giran en torno a la causa palestina y su sufrimiento», afirma.
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