Pinceles de Resistencia: Artistas Coloniales que Desafiaron el Orden Hegemónico

Pinceles de Resistencia: Artistas Coloniales que Desafiaron el Orden Hegemónico

Cuando hablamos de arte anticolonial en Latinoamérica, solo pensamos en movimientos del siglo XX. Sin embargo, los indicios de resistencia visual aparecieron mucho antes, en pleno período colonial, cuando artistas —muchos indígenas, negros o mestizos— encontraron formas sutiles y poderosas de subvertir el discurso de poder desde dentro del sistema. Estos creadores, dispuestos a ser meros copistas de modelos europeos, utilizan sus pinceles para afirmar identidades, visibilizar historias silenciadas y cuestionar el orden social hegemónico.

En el siglo XVIII, la Habana colonial fue testimonio de una paradoja reveladora. Mientras las élites españolas promovían la fundación de la Academia de San Alejandro (1818) con el argumento de que los negros dominaban las artes y debían ser excluidos de la educación formal, existían artistas afrodescendientes de notable talento y conciencia. Dos figuras ejemplifican esta tensión: el pintor Vicente Escobar y el líder conspirador José Antonio Aponte. Escobar, un hombre negro libre, se convirtió en el retratista favorito de la élite habanera, inmortalizando a obispos, capitanes generales y aristócratas. Pero su práctica artística no fue una simple desaparición; tras registrarse como "pintor" en documentos oficiales y confirmar sus obras con orgullo, Escobar reivindicó su estatus profesional y una autonomía que el orden colonial negaba a quienes compartían su condición. Su arte, personal y transformador, operaba a la luz pública, construyendo una identidad negra respetable en un mundo que buscaba invisibilizarla.

Por otro lado, José Antonio Aponte llevó la resistencia visual a un plano radicalmente diferente. Su única obra conocida, un "libro de pinturas" (ahora desaparecido), era un collage de imágenes que narraba una "historia universal negra", conectando a los reyes de Europa con los emperadores etíopes y las hazañas militares negras en Cuba. Este libro, descrito en archivos judiciales tras su juicio por conspirar para organizar rebeliones de esclavos, no era un simple álbum; Fue un arma visual que articuló una línea de poder negro, una memoria ancestral y un llamado a la insurrección. Mientras Escobar trabajaba en lo visible y personal, operaba en lo invisible y colectivo, demostrando que el arte podía ser "históricamente eficaz" para transformar la identidad colonial y movilizar a toda una comunidad.

Durante el reinado del Perú, la resistencia adoptó formas más sutiles, pero igualmente significativas. A finales del siglo XVIII, pintores como Cristóbal de Lozano, Cristóbal de Aguilar y José Joaquín Bermejo se enfrentaron a una paradoja: debían retratar a la élite utilizando convenciones arcaicas que reforzaban la estabilidad del imperio en una época de creciente inestabilidad política. Sin embargo, en lugar de ser meros repetidores de fórmulas europeas, estos artistas limeños inventaron su propia tradición. Introdujeron innovaciones pictóricas —composiciones más complejas, superficies ornamentadas, dinamismo inusual— en el marco del retrato oficial, reflejando así la sutil desintegración del cuerpo social colonizado. Sus pinceles capturaron sobre el terreno la apariencia de los poderosos, pero también las fisuras de un orden que comenzaba a decaer, adaptando el género del retrato a las realidades americanas y sentando las bases de una expresión visual singularmente latinoamericana.

Estos artistas coloniales, cada uno a su manera, encarnaron lo que hoy llamaríamos una agencia artística anticolonial. Las banderas de la rebelión no siempre estuvieron abiertas, pero sus obras —como los retratos de élite, los libros prohibidos o las innovaciones formales— disputaron el monopolio de la representación, afirmaron identidades subalternas y demostraron que, incluso bajo el gobierno colonial, el arte podía ser un territorio de resistencia y la creación de mundos alternativos. Latamarte