La figura de Frida Kahlo ha trascendido los límites de la pintura para convertirse en un icono global de resistencia, feminismo e identidad. Sin embargo, más allá de la "Fridamanía", su obra pictórica ofrece una profundidad técnica y emocional desgarradora. A través de sus autorretratos, Kahlo exploró temas que en su época eran tabú: la infertilidad, el dolor físico crónico tras su accidente, la dualidad de su herencia europea y mexicana, y sus turbulentas relaciones personales. Su uso de la simbología —monos, venados heridos, columnas rotas y corazones expuestos— crea una narrativa visual que mezcla el realismo con elementos surrealistas, aunque ella misma afirmaba que no pintaba sueños, sino su propia realidad. La meticulosidad de su técnica, influenciada por los retablos populares y la iconografía religiosa, otorga a sus obras una cualidad de reliquia sagrada. Frida no solo pintó su cuerpo, sino que lo convirtió en un campo de batalla político y existencial, desafiando las convenciones sobre la belleza y el papel de la mujer en la sociedad. Su legado sigue inspirando a artistas contemporáneos que buscan en la vulnerabilidad una fuente de poder y una forma de comunicación universal.
Latamarte