Tradicionalmente, el arte gráfico se asociaba a disciplinas como el grabado calcográfico, la litografía o la xilografía, procesos que requerían una matriz, tinta y papel. Sin embargo, en las últimas décadas, el concepto de gráfica se ha transformado radicalmente. Investigadores y artistas han acuñado el término “campo expandido” para describir aquellas prácticas que trascienden los límites físicos y conceptuales de la estampa convencional .
Este fenómeno no implica la muerte de las técnicas tradicionales, sino su convivencia y diálogo con los nuevos medios. La Calcografía Nacional, por ejemplo, mantiene activos tórculos centenarios y sigue editando obra gráfica de calidad, pero también convoca a artistas que incorporan procesos digitales o instalaciones site-specific . Como señalan Santín y Navarro, la xilografía contemporánea ya no se limita al bloque de madera; puede proyectarse como instalación en la sala de exposiciones, interactuar con la luz o incorporarse a entornos videográficos .
Un ejemplo representativo de esta hibridación es el trabajo del grupo DX5 de la Universidad de Vigo. Este colectivo de investigación defiende una “gráfica intangible”, donde la imagen ya no reside únicamente en la huella física, sino en el proceso, la idea o la distribución digital. En publicaciones como On Minded Prints, se recopilan obras de artistas españoles del cambio de milenio que trabajan precisamente en esa frontera: grabados que son esculturas, instalaciones que son estampas y estampas que son vídeo .
La gráfica de campo expandido demuestra que el arte gráfico no ha perdido vigencia, sino que se ha reinventado. Lejos de ser una disciplina menor o meramente artesanal, hoy se sitúa en el centro del debate artístico contemporáneo, cuestionando la originalidad, la reproducibilidad y la materialidad de la obra de arte.
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