El arte cubano es una historia de revoluciones estéticas y políticas. Wifredo Lam (1902-1982) fusionó el surrealismo con la santería y la herencia africana en obras como La Jungla (1943), ícono del arte latinoamericano. Tras el triunfo de la Revolución en 1959, el arte se institucionalizó pero también se radicalizó: la Escuela Nacional de Arte formó a generaciones de artistas, y el ICAIC revolucionó el cine latinoamericano. En los años ochenta, el Grupo Volumen I y artistas como José Bedia y Tania Bruguera cuestionaron los límites de la libertad creativa. La Bienal de La Habana, fundada en 1984, se convirtió en un espacio clave para el arte del Tercer Mundo. La diáspora cubana —en Miami, Madrid, México— ha producido artistas como Ana Mendieta, cuya obra aborda el cuerpo, la tierra y el exilio. El arte cubano es hoy un diálogo tenso y fructífero entre la isla y su diáspora.
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