El arte moderno desempeñó un papel fundamental en la redefinición del rol del artista y del arte mismo en la sociedad. Al romper con patrones rígidos, abrió espacio para nuevos lenguajes visuales y formas de expresión que continúan influyendo en el arte contemporáneo.
Movimientos como el expresionismo buscaron transmitir emociones intensas mediante colores vibrantes y formas distorsionadas. Artistas como Edvard Munch utilizaron el arte como medio para expresar ansiedades y conflictos internos. El futurismo, por otro lado, exaltó la velocidad, la tecnología y la modernidad.
Además, el arte moderno contribuyó a democratizar el acceso a la creación artística. Con la aparición de nuevas técnicas y materiales, cualquier objeto podía convertirse en arte, una idea explorada por Marcel Duchamp al presentar objetos comunes como obras de arte.
En la sociedad actual, el legado del arte moderno se puede apreciar en la publicidad, el diseño, el cine y las artes digitales. La apreciación de la creatividad y la originalidad, tan característica de este período, sigue siendo uno de los pilares de la producción cultural contemporánea.
Por lo tanto, el arte moderno no solo transformó la forma de crear arte, sino que también amplió nuestra comprensión de lo que puede considerarse arte.
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