El grafiti en México se ha consolidado en las últimas décadas como una de las expresiones artísticas urbanas más poderosas de Latinoamérica. Nacido de la intersección de movimientos juveniles, culturas callejeras y tradiciones visuales ancestrales, el grafiti mexicano se ha expandido más allá de las fronteras locales, convirtiéndose en una voz estética y política reconocida internacionalmente.
Su presencia cobró fuerza especialmente a partir de la década de 1990, cuando ciudades como la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey comenzaron a desarrollar vibrantes escenas urbanas, marcadas tanto por el muralismo histórico como por la influencia del hip-hop global. El legado de grandes muralistas como Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco proporciona un contexto visual que distingue al grafiti mexicano de otras tendencias globales. Así, muchas obras callejeras abordan temas sociales, identidades indígenas, desigualdad, memoria colectiva y luchas comunitarias.
Actualmente, artistas como Saner, Sego y Ovbal, Libre Gutiérrez, Paola Delfín y Spaik diseñan nuevas narrativas visuales que combinan la estética contemporánea con símbolos prehispánicos, fantasía y crítica social. Los muros se convierten en espacios de resistencia cultural y reimaginación urbana, democratizando el acceso al arte. En barrios populares, las comunidades apoyan activamente a los muralistas, transformando muros degradados en espacios de orgullo colectivo.
Además de su relevancia política y estética, el grafiti en México también se integra al turismo cultural. Zonas como Roma-Condesa, Doctores, Tlaquepaque y Cholula han albergado proyectos colaborativos y festivales que acercan a los visitantes al arte urbano local. Iniciativas institucionales e independientes han comenzado a proteger murales, organizar visitas guiadas y promover talleres educativos, fortaleciendo el reconocimiento del grafiti como patrimonio cultural contemporáneo.
De esta manera, el grafiti mexicano continúa creciendo como un lenguaje artístico vivo y en constante transformación: un arte que late en las calles, reivindica su espacio y revela la pluralidad identitaria del país.
Latamarte