La historia del arte es una narrativa en constante transformación. Durante siglos, la pintura y la escultura dominaron el panorama artístico, con rígidas reglas de técnica, perspectiva y temática. Movimientos como el Renacimiento buscaban la perfección estética, mientras que otros, como el Barroco, exploraban la emoción y el dramatismo.
Con el tiempo, los artistas comenzaron a romper esquemas. El Impresionismo, el Cubismo y el Expresionismo abrieron espacio a nuevas interpretaciones de la realidad. El arte dejó de ser una mera representación fiel del mundo para reflejar sentimientos, ideas y experiencias subjetivas.
Hoy vivimos en la era del arte contemporáneo y digital. Las tabletas, el software, la inteligencia artificial y la realidad virtual se han convertido en herramientas creativas. El arte trasciende el espacio físico de las galerías y llega al entorno virtual, volviéndose más accesible e interactivo.
Esta evolución demuestra que el arte no es estático; acompaña los cambios sociales, tecnológicos y culturales. Independientemente del medio, su propósito sigue siendo el mismo: provocar, inspirar y conectar a las personas.
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