Andrea Giunta presenta su libro “Lecciones de arte contemporáneo y latinoamericano”

Andrea Giunta presenta su libro “Lecciones de arte contemporáneo y latinoamericano”

La autora es doctora, investigadora del Conicet, y hasta hace poco profesora titular de Arte Latinoamericano y Arte Internacional en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.
La historia del arte puede pensarse como una actividad exclusiva de especialistas, encapsulada en técnicas, materiales, estilos y recorridos de escuelas artísticas, o las rupturas que generan nuevas líneas de trabajo. Pero también es una disciplina en la que las disputas que atraviesan a toda sociedad se pueden entrever en esas características, y comprender la historia a secas, con todas sus tensiones, devenires y exclusiones. “Una obra compacta un mundo”, propuso Andrea Giunta en Lecciones de arte contemporáneo y latinoamericano (Siglo XXI Editores), y, en diálogo con Página/12, amplía: “Dicen que una imagen vale más que mil palabras y no, es que en una imagen hay más de mil palabras. Eso es interesante”, señala. La autora recuerda cómo la fascinó escuchar a un artista hablar “una hora” sobre una obra propia: “No ves todo lo que hay en una obra, aunque esté ahí representado, si no vas desagregando elementos en relación con distintos contextos. Ese mundo compactado y que está en la imagen, pero vos lo estás expandiendo”. Y completa: “Fue increíble que esa persona pudiera hablar tanto sobre una imagen. Tenés millones de palabras y obviamente todo lo que él describía, que estaba en la obra, yo no lo veía”.

Giunta, autora de una gran cantidad de libros (Feminismo y arte latinoamericano; Contra el canon; Vanguardia, internacionalismo y política entre otros), es doctora, investigadora del Conicet, y hasta hace poco profesora titular de Arte Latinoamericano y Arte Internacional en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Lecciones… está conformado por tres capítulos que articulan el recorrido de Giunta: el primero sobre características del arte contemporáneo latinoamericano, el segundo sobre los contextos en los que esas obras se produjeron y cómo influyeron esos trabajos; y el último, personal y colectivo a la vez, sobre cómo armó el programa de una materia al mismo tiempo que estudiaba los libros que salían en esos años de reformulación académica, tras la recuperación democrática. El libro se completa con un glosario en el que plantea las definiciones con las que trabajó en esas páginas.

-¿Qué características tiene el arte contemporáneo latinoamericano? Debía haber sufrimiento en Europa y en Estados Unidos, pero no aparece tanto. Aparecen más cuestiones técnicas, de enfoques o formas de producirlo, pero acá con distintos tipos de artistas, con distintas técnicas y enfoques, hay una tradición colonial, de la explotación, del saqueo, del sufrimiento.

-Los latinoamericanistas hemos argumentado bastante en torno a esa voluntad de encontrar una marca identitaria del arte latinoamericano. Pensando las cosas desde otro lado, prefiero reemplazar el concepto de identidad, que es bastante esencialista, y en lugar de hablar de identidad, hablo del lugar desde el que se produce el arte. Por eso no es un arte de Latinoamérica el que yo estudio sino un arte desde América Latina. Cambiar la perspectiva, porque eso te permite abordar cómo son los procesos. Por ejemplo, si comparamos a (Oswaldo) Guayasamín con Diego Rivera, claramente tenemos un artista que es como un narrador de la historia, un cronista como Rivera. El gran mural de Palacio Nacional, todos esos personajes uno los puede identificar si los estudia. En cambio, el proceso de Guayasamín es más alegórico, la idea del sujeto sufriente y no una crónica.

-Pero también hay que poder entrar en ese relato, y no todos y todas entran. De hecho, hubo una exclusión de mujeres, minorías o disidencias que explicás en el libro. ¿Cómo se combate eso?

-Hay que tener interés en trazar esos mapas en los cuales afloran historias de mujeres, historias de artistas africanos o afroamericanos que quedaron fuera de lo que se llama el canon, que te relata la historia del arte moderno, con qué artistas cuenta esa historia. Cuando uno analiza esa historia, es casi un 95% de artistas varones, desde el postimpresionismo hasta el pop. Ahí cambia un poco, pero dominan los nombres de los artistas varones. Considero que el arte y la cultura son fundamentales en la configuración del concepto de ciudadanía, y creo que cuantos más puntos de vista, cuanta más diversidad tiene el público que va a un museo, eso contribuye no sólo a su conocimiento sino a su formación desde una perspectiva crítica. La capacidad de poder ver no sólo Picasso, Cézanne o Van Gogh sino también ver otros artistas. Doy vuelta el asunto: siempre se dice que las artistas mujeres que quedaron afuera no fueron valoradas y se pone el problema en ellas. ¿Qué es lo que perdieron? ¿Por qué ellas fueron desvalorizadas? Mi pregunta viene del otro lado.

¿Qué es lo que pierde la ciudadanía cuando no se le permite acceder a esas obras que tienen otros puntos de vista, otras sensibilidades, otros conceptos? Lo veo desde el público.

Esos otros “puntos de vista” son caminos para el conocimiento de la sociedad a través del arte, desde el prisma de las ciencias sociales, “puestas en cuestión desde una perspectiva cliché, paródica, desvalorizadora”, reflexiona Giunta. “Aspiro a que este libro sea también una forma de visualizar qué es lo específico del arte, la historia del arte, y las humanidades en general. Por qué siguen siendo necesarias, en tanto ofrecen formas de pensamiento, en la configuración de un ciudadano crítico”, se planta. Y piensa en los museos, pero también las redes o internet, como un espacio de interrogación social: “Algo de una obra te llama la atención y empezás a investigar, a crear un mundo en torno a esa obra, a ver cosas que antes no veías y a trabajar con distintas posibilidades. Eso es algo que el arte contribuye a hacer”, destaca. “Por ejemplo, actualmente puede ser útil para un lector, con tanta reformulación en términos geopolíticos, encontrar qué significa América Latina, un despliegue de las distintas formas de nombrar al continente que están inscriptas históricamente”, propone la autora.

-¿Por qué ese tercer capítulo? Contás que estudiaste en dictadura, que entraste en la cátedra, que leías los libros apenas salían para incluirlos en las clases, cómo fuiste creciendo en la facultad…

-Inicialmente era la introducción del libro (risas). La introducción, como las conclusiones, que se van por el lado del debate sobre la necesidad de las humanidades, es como me dice la editora siempre: cuando vos escribís las conclusiones, empezás un nuevo libro. No puedo dejar de escribir esas conclusiones ya en diálogo con lo que estoy pensando. Esa era la introducción y en verdad, claro, la introducción era para explicar la fenomenología o la subjetividad en torno a ese proceso de empezar a dar esas clases, que son esas las clases de apertura del año de Arte Latinoamericano y Arte Internacional. Y es una historia arqueológica, porque es una arqueología de la biblioteca. ¿Cómo fue ese proceso de ideas sobre el latinoamericanismo y la idea de arte latinoamericano? ¿Cómo se fue gestando a través de una historia de los libros? De una historia de los historiadores del arte, de los críticos, cómo fueron reformulando estos problemas de la identidad latinoamericana
-¿Cómo surgió la idea del glosario?

-Trabajo mucho con glosarios. Ya en el libro Poscrisis. Arte argentino después de 2001 hay un glosario. Y después, cuando hicimos Verboamérica, en el MALBA curamos la colección permanente y el diseñador, antes de poner los créditos puso el glosario, con el cual vos abrís el catálogo y empieza con la palabra “activismo”. A mí me encanta hacer glosarios porque trabajo sobre los conceptos buscando no la definición verdadera, única, absoluta. Todo el trabajo en torno al concepto de vanguardia es un ejemplo de eso: hay muchos autores que definen qué es la vanguardia, pero el tema es lo que esa definición deja de lado. Entonces me gusta más la lucha del sentido; cuando pongo un glosario estoy haciendo una definición en ese momento. Además, como muchas veces trabajo sobre el presente, es importante, como “cacerolazo”. Era el vocabulario de la época: cartoneros, colectivo de artistas. El que mire el glosario va a tener un poco un conjunto de palabras que tienen que ver con ese problema que aborda el libro. Es incompleto, pero es útil para entender aquello sobre lo que trata el libro.

Lecciones de arte contemporáneo y latinoamericano se presenta el miércoles 20 a las 18.30 en el MNBA (Av. Del Libertador 1473). Participan Gonzalo Aguilar, Mariana Marchesi, Pablo Fasce, Ana Inciarte y la autora.
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