El arte hondureño ha sido históricamente menos visibilizado, pero posee una riqueza singular, especialmente en la costa caribeña. La cultura garífuna, reconocida por la UNESCO como Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad (2001), aporta una tradición vibrante de música, danza y arte visual. Arturo López Rodezno y Teresa Fortín fueron pioneros de la pintura moderna hondureña. La Escuela Nacional de Bellas Artes ha formado a generaciones de artistas. En las últimas décadas, la migración y la violencia han marcado la producción artística: artistas como Adán Vallecillo abordan el desplazamiento, la memoria y la ecología política desde instalaciones y video. La Bienal de Arte de Honduras y el Centro Cultural de España en Tegucigalpa han dinamizado la escena. El arte hondureño es una voz que reclama su lugar en el concierto centroamericano.
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